Scanner XXI

Friday, May 26, 2006

Fin del mundo: una psicosis colectiva


Antropología
Por: Caty Toro Navia.


El mundo se va a acabar” es una de las frases que más controversia, angustia y sorpresa ha causado en los últimos tiempos, debido a que el tema de la muerte para el hombre, es una de sus problemáticas más importantes pues al saber que es un ser finito le aterra no conocer cómo ni cuándo llegará a término su vida.
Desde comienzo de la humanidad el fin del mundo ha sido el argumento para que grandes y pequeños profetas traten de avecinar sobre el futuro de la sociedad. Muchas de estas no han resultado ser ciertas, sin embargo, han inducido a una histeria colectiva que ha llevado a las personas creyentes de esto a cometer acciones que atenten con su existencia.
El 17 de marzo de 2000 en Uganda, un grupo de católicos apocalípticos se rociaron con bencina, esperando que la Virgen María los viniera a buscar pues en esa fecha llegaría el día del juicio final. Mientras, en Japón y Europa para el cambio de milenio más del 40% de la población creía que en la profecía realizada por Nostradamus, por lo que aumentaron los grupos de corte apocalípticos que protagonizaron los suicidios colectivos de un grupo de católicos en Uganda; los suicidios colectivos en el metro de Tokio, y las combinaciones de crímenes y suicidios realizados por la Orden del Templo Solar, en Francia, Suiza y Canadá.
Es inevitable que le hombre tenga este tipo de creencias inculcadas, debido que es un animal de naturaleza religiosa, la que le ha sido inculcado, a través del poder y la hegemonía, a lo largo de toda la historia.Últimamente la psicosis se ha creado, entorno a un e-mail que circula por Internet, en torno a la fecha de 6 de junio de 2006 (6/06/06), que muchos asocian con el número o nombre de la segunda bestia del Apocalipsis que, según el Nuevo Testamento, será la encargada de acabar con la vida humana.
Aún quedan dieciocho días para terminar con la interrogante de qué sucederá con la humanidad cuando el calendario marque esta fecha. Sólo queda esperar si los designios en los que creen la mayoría de la sociedad, se harán realidad.

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